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Escultura Micénica

Escultura micénica.-

Uno de los aspectos más importante del arte creto-micénico es la ausencia de escultura monumental, en la que egipcios y mesopotámicos se habían lucido. Se entiende por monumental a la escultura adaptada íntegramente al espacio arquitectónico y cuyo objetivo es servir de ornamento a la arquitectura, de la cual depende. No obstante lo afirmado, la Puerta de los Leones es una magnifica excepción.
  

La Puerta de los Leones (1250 a.c.), uno se los monumentos más antiguos en territorio europeo, proclama heráldicamente el poder militar de los nobles micénicos. La entrada a la ciudad de Micenas se realizaba a través de esta famosa puerta. Sobre un dintel construido por un monolito de 20 toneladas se encuentran dos leones de vigorosa musculatura, las fieras están enfrentadas entre si, formando un triangulo perfecto. Fueron esculpidos simétricamente en piedra y sus patas delanteras descansan sobre un podio; el relieve esta perfectamente adaptado al espacio del triangulo y entre los animales se haya una columna. Como se indicó anteriormente, los animales carecen de cabeza posiblemente por el vandalismo de los conquistadores dóricos.

En efecto, tanto los minoicos como los micénicos, a excepción de la referida Puerta de los Leones, no produjeron estatuas de gran tamaño y se conformaron con la creación de pequeños objetos esculpidos en piedra y marfil o barro cocido, así como la elaboración de sellos con relieves en miniaturas.

Se han encontrado pequeñas estatuillas de terracota o marfil en los yacimientos de Micenas y Tirinto que representan figuras antropomórficas policromadas. Las figuras asumen diferentes posturas y podrían tener un significado religioso dado el sitio en los cuales fueron encontradas, tumbas y santuarios. Reciben el nombre de psi, fi o tau por el parecido con las letras griegas, estas figurillas o ídolos son esquematizadas, su cuerpo suele representarse con un simple cilindro, en el cual pueden destacar unos senos como único detalle, pero sus rostros son detallados con grandes ojos y nariz pronunciada.

Con esta misma característica de abstracción se han encontrado figuras de animales, especialmente el toro y carros de guerra tirados por caballos.

La escultura de busto más conocida de la época micénica es la “Triada Divina”, representa a dos mujeres y un niño. Las mujeres tienen los pechos al descubierto y llevan joyas y ropa creto-micénica – la famosa falda de faralaos o volantes acampanados con corpiño ajustado-, representan a las diosas Demeter y Perséfone y al dios Lacco o Triptólemo, todos vinculados con la agricultura y fertilidad de los campos.


Otra famosa escultura es esta cabeza de grandes ojos almendrados y con una dura expresión en el rostro, procedente de Micenas, es uno de los pocos ejemplos escultóricos en piedra caliza policromada que conservamos de esta cultura.


Los Micénicos, al igual que los Minoicos sobresalieron en el trabajo de las miniaturas de los sellos grabados, los cuales utilizaban, entre otros fines como amuletos o como garantía de propiedad al ser estampados sobre los objetos. Se usaban colgados de un collar y se realizaban en madera, marfil y metales especialmente oro. Lo más destacable es el gusto por el detalle y el movimiento. Su tamaño era de aproximadamente 3 cm. Los motivos eran similares a los Minoicos y sobresalen los relativos a escenas bélicas o de cacería.




La máscara de Agamenón.-
Las máscaras funerarias, emblemas del arte micénico fueron desconocidas en Creta. La más famosa es la máscara de Agamenón, la cual debe su nombre al arqueólogo Heinrich Schliemann, quién erróneamente confundió el Tesoro de Atreo con la tumba de este legendario rey micénico. En efecto, estudios posteriores han comprobado que la referida máscara antecede en varios siglos a la existencia del rey aqueo. Esto no impidió que Schliemann al realizar su descubrimiento exclamara con orgullo “He visto la cara de Agamenón”.
Estas máscaras funerarias plasmaban los rasgos de los difuntos soberanos aqueos, motivo por el cual eran tan personales y diferentes entre sí.
La máscara de Agamenón tiene 32 cms. Y destaca en una fina lámina de oro los rasgos de un rey aqueo del siglo XVI a.c.